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Clarín – Transformaciones urbanas: La tendencia impulsa la actividad cultural y genera un boom inmobiliario

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Palermo extiende su onda fashion a otros cuatro barrios.

Locales de indumentaria y decoración, restoranes gourmet y megaferias de diseño se consolidan en Chacarita, Colegiales, Villa Crespo y Almagro.

Mantienen la estética, pero a precios más accesibles.

Todos quieren ser /palermeros/, pero cada vez hay menos espacio. Por suerte ya hay *movidas en otros barrios*”. Catalina Ponce, 27 años, editora de TV, resume una sensación generalizada entre los habitués de Palermo Viejo. Exponente de una estética moderna, ella combina camisetas de colores superpuestas con bijouterie y usa una cartera que parece hecha con el tapizado del sillón de la abuela. /Palermear/ es cada vez más difícil y consumir en los negocios de diseño top es cada vez más caro.

Por eso, tímidos, con paso lento pero firme, varios locales con la onda de este *templo fashion* en el que se convirtieron Palermo Soho y Palermo Hollywood, *están cruzando la frontera* y ya asoman en Almagro, Chacarita, Colegiales y Villa Crespo, barrio al que ahora llaman Palermo Queens (ver *Fragmentos…*).

El rebote del *boom comercial* que se vive en Palermo Viejo no sólo genera nuevos emprendimientos gastronómicos y comerciales sino que está *reposicionando* a los barrios vecinos. Las propiedades treparon hasta valores “algo desmedidos”, al decir de *Jorge Gómez, gerente de ventas de Migliorisi, *una de las inmobiliarias que pisa fuerte en Villa Crespo y Almagro. Para Gómez, “Palermo se extiende más allá de sus límites y sus valores están fuera de la realidad del mercado. Por dos cuadras de diferencia se pueden conseguir excelentes propiedades 40% más baratas”.

El *efecto mágico* de la palabra Palermo es tan fuerte que muchos publican como Palermo Viejo propiedades que claramente están en Villa Crespo. “Palermo tiene más poder de ventas”, explica Horacio Berberian, uno de los dueños de Shenk, la inmobiliaria que desde 1973 copa el mercado de Palermo y Colegiales. “Pero la gente no come vidrio, sabe que Almagro, Villa Crespo y Chacarita no tienen tanta prensa, pero ofrecen buena relación entre precio y calidad”.

A mil dólares el metro cuadrado, es imposible conseguir en Palermo una casa antigua, ideal para reciclar, por menos de 170 mil dólares. “Una fortuna que no se justifica, porque cruzás Córdoba y los precios bajan a 700 dólares el metro cuadrado”, dice Silvina Moreno, que busca con su novio una casa por Villa Crespo porque “es fashion /ma non troppo/ y está lo suficientemente cerca de Palermo, pero algo *alejado de su movimiento incesante*”.

Alrededor de las mesitas de Masamadre se cocinan varios proyectos culturales y artísticos. Elencos de teatro independiente, músicos y productores se reúnen a comer en este *restorán artesanal* de Vera y Julián Alvarez, cuya especialidad es el pan casero (multicereal y oliva, imperdibles). “Tenemos una propuesta gastronómica distinta, Villa Crespo no está contaminado”, señala el panadero Walter Tovsak. El actor César Altomaro (integra el elenco de Peter Pan), asiente: “El barrio tiene onda, es más barato y está al toque de Palermo”.

El historiador Eduardo Lazzari, de la Junta de Estudios Históricos del Buen Ayre, también observa la tendencia, pero señala que la moda puede terminar igualando los barrios, *quitándoles identidad*. Palermo, dice, es el primero en la lista: “Cambió su color original, el de la piedra París, por los pasteles modernos. Y con tantos subnombres, perdió el valor del suyo”, comenta.

El crecimiento comercial de Villa Crespo está sostenido por los locales que fueron abriendo en los últimos diez años: en 2003 había 1.550 contra 1.053 de 1994, según un relevamiento del Centro de Estudios para el Desarrollo Económico Metropolitano (CEDEM) y la Secretaría de Producción, Turismo y Desarrollo del Gobierno porteño. Los rubros que picaron en punta fueron los servicios gastronómicos (69,3%), el sector

alimenticio (64,5%) y los productos textiles, prendas y accesorios de vestir (52,1%).

En Thymus, el restorán francés de Fernando Mayoral, se respira un aire menos bohemio. A 50 pesos el cubierto, el pato con salsa de papa, peras y chutney de naranja es la especialidad. “Elegimos esta casa vieja (en Lerma y Malabia) porque es una alternativa a Palermo, que ya *está saturado*. Villa Crespo es un barrio para descubrir”, propone el chef.

Cruzando Estado de Israel, a la altura de Córdoba empieza Almagro, el barrio que congrega toda la actividad cultural más allá de la agenda palermitana. Siete salas de *teatro independiente*, más la Ciudad

Cultural Konex en el Abasto, marcan esta zona donde también se consiguen velas artesanales fabricadas a la vista y muebles de diseño a *precios accesibles*. “La misma calidad pero sin delirios”, aclara Gabriela

Bujorski, a cargo de Lucía Luna, un negocio de diseño de Salguero al 700. “Quería estar cerca de Palermo y no me equivoqué, me sorprende la evolución del negocio”, comenta Fabián Shalom, detrás de unos velones rojos y amarillos en Velas de Día, Bulnes al 900.

Las postales típicas de Honduras y Gurruchaga —ombligo de la vanguardia— se multiplican en Colegiales y Chacarita. “Hay mucho movimiento de productores, editores y profesionales que trabajan en casas recicladas, *esta zona está por explotar*”, pronostica Raúl, el dueño de Lúcuma, un local de ropa para mujeres “con onda” de Rosetti y J. Newbery, en pleno Chacarita, área que ahora se conoce como “Nuevo Colegiales”. Pequeños restó, megaferias de diseño y emprendimientos inmobiliarios orientados a jóvenes profesionales con buen poder adquisitivo completan la tendencia.

*Palermo se sale del mapa*. Ahora, los platos de autor, los muebles blancos de líneas rectas y los diseños audaces dejaron de ser una marca

registrada con límites precisos. También se consiguen en los barrios vecinos.

*Vivian Urfeig.*

vurfeig@clarin.com